2 formas de ser amable contigo

Muchos de los problemas que nos angustian tienen un origen común: la falta de amor propio. Gracias a todas las presiones externas (a las que estamos sometidos), a nuestra propia autoexigencia y a la sensación de estar perdidos y no saber qué hacer, podemos llegar a tratarnos con demasiada dureza. Por eso, si quieres mejorar tu estado de ánimo, es necesario que aprendas a ser amable contigo mismo.

La compasión hacia uno mismo es un concepto que surgió por primera vez en la religión budista. Ser amable con el propio pasa por copiar el tono y la generosidad con la que tratarías a un amigo cercano, en lugar de caer en autocríticas que realmente no llevan a nada. Sin darnos cuenta, muchas veces, nos hablamos como si fuéramos nuestro peor enemigo.

Según las investigaciones al respecto, para ser amable contigo mismo necesitas desarrollar tres habilidades:

  • Autobondad. Consiste en la capacidad de actuar de manera comprensiva y amable con uno mismo. Hacerlo implicaría, por ejemplo, perdonarnos en vez de culparnos al cometer un error.
  • Sentido de la humanidad compartida. Este elemento, de nombre tan peculiar, esconde, en realidad, una actitud muy básica. Consiste en creer que nadie es perfecto, y que todos tenemos derecho a equivocarnos. Esto nos ayuda a comprender que no somos ni mejores ni peores que el resto.
  • Mindfulness. La capacidad de vivir en el momento presente nos ayuda a relativizar nuestros problemas cuando se presentan. Además, nos ayuda a ser más estoicos, aumentando nuestra paciencia con nosotros mismos.

¿Cómo desarrollar la capacidad de ser amable contigo mismo?

Ahora que ya sabes qué habilidades están implicadas en la autocompasión, seguramente te preguntes cómo desarrollarlas. Y es que no se trata de características que estén instaladas en nosotros al nacer (quizás exista una pre-instalación, una potencialidad favorecida por la genética, pero no más). Así, ser amable contigo mismo va a demandarte un esfuerzo consciente y una buena dosis de trabajo.

En este caso, los investigadores han descubierto que una de las mejores estrategias para desarrollar la autocompasión es cuidar la calidad de las preguntas. Plantearse ciertas cuestiones puede hacer que cambiemos nuestro punto de vista y nuestra forma de actuar. Esto, que es importante cuando se trata de interactuar con otros, se convierte en fundamental en el trato con nosotros. A continuación encontrarás dos de las preguntas más poderosas para aprender a ser amable contigo mismo.

1- ¿Qué necesito para estar bien?

Esta pregunta puede parecer extremadamente simple, pero la mayoría de nosotros no nos hacemos habitualmente. En general, estamos tan preocupados por lo que “debemos hacer” que nos olvidamos de nuestras propias necesidades.

Una de las ideas distorsionadas que nos llevan a esto es que asociamos el egoísmo con algo negativo. Si una persona declara que quiere trabajar en su propia felicidad, no tardará en recibir una mirada de sospecha. ¿No tendría que estar sacrificándose por los demás? Pero, como decía Aristóteles, preocuparse por uno mismo, lejos de ser malo, es necesario.

Y es que, para ser capaces de darnos a los demás, primero necesitamos tener algo que entregar. Piénsalo, ¿quién puede hacer más bien? ¿Una persona que es infeliz porque no se preocupa de sí misma? ¿O, por el contrario, aquel que se encuentra bien consigo mismo porque se ocupa de sus propias necesidades?

2- ¿Cómo trataría a un ser querido en esta situación?

En muchas ocasiones, podemos convertirnos en nuestros peores enemigos. Nadie nos juzga con tanta dureza como nosotros mismos ni nos pide tanto. Esto puede llevar a problemas graves de autoestima, al exigirnos una perfección que es imposible alcanzar. Imagina que has discutido con tu pareja y te empieza a abrumar la culpa. En esta situación, es común que nos digamos cosas como:

  • “Si es que siempre lo hago todo mal”.
  • “¿Pero cómo puedo ser tan insensible?”.
  • “Al final voy a acabar solo, como de costumbre”

La siguiente vez que te atrapes dándole vueltas a estas ideas irracionales, imagina que se las estuvieras diciendo a alguien muy cercano a ti. ¿Cómo le sentaría? ¿Crees que le estarías ayudando realmente?

Si la respuesta es que no, ¿por qué te tratas peor a ti mismo que al resto?

Conclusión

Tratarte con autocompasión es una habilidad muy complicada de adquirir. Aunque ser críticos con nosotros mismos puede ayudarnos a cambiar, llevar esta actitud al extremo acaba produciéndonos grandes cantidades de sufrimiento. Por eso, merece la pena que aprendas a ser amable contigo.

¿Cuál es el siguiente paso? Ahora que conoces estas dos preguntas, toma la decisión de hacértelas la siguiente vez que te estés juzgando con demasiada dureza. Aunque al principio te cueste, notarás cómo poco a poco tratarte con amabilidad se va convirtiendo en algo más natural.

Vía: La mente es maravillosa

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