La familia. Manual de instrucciones

“¿Bien o en familia?”, solemos bromear cuando nos preguntamos unos a otros por las vacaciones. Diversos estudios reflejan que es precisamente durante esos días de asueto, en los que dejamos a un lado las rutinas cotidianas, cuando parecieran aflorar con más encono conflictos, disputas, riñas, tensiones, malos rollos… Ocurre hasta en las mejores familias, ¿no es así?

Hay quienes se han tomado este asunto muy en serio y no se conforman con las convencionales respuestas resignadas. Una de estas personas es Bert Hellinger, un filósofo, pedagogo y terapeuta alemán que ha dedicado su longeva vida a averiguar el origen de los fallos de las familias y a desarrollar y perfeccionar un verdadero manual de instrucciones para enseñarnos a manejar la tecnología del éxito familiar.

Y lo hizo a través de un libro, Órdenes del amor, que en muy poco tiempo se convirtió en uno de los mejores libros de autoayuda.

En él, Hellinger diseñó la terapia de Constelaciones Familiares: unas claves muy concretas y concisas, cuyo objetivo es que nos vaya bien en nuestras relaciones con las personas a las que estamos vinculados. Como su propio nombre indica, las Constelaciones Familiares fueron originalmente diseñadas para aplicarse en el entorno familiar. Sin embargo, muy pronto se percató de que funcionaban igual de bien en cualquier otro sistema humano. Incluso en el ámbito laboral.

TODO ES CUESTIÓN DE QUÍMICA

¿Os acordáis de las clases de Química del instituto…? Venga, una pregunta fácil: ¿Qué elementos componen una molécula de agua?

¡Hidrógeno y óxígeno! –grita alguien desde el fondo.

¡Buena memoria! Ahora otra un poquito más complicada: ¿Sabríais decirme qué característica tienen en común ambos gases…?

¡Que arden! –casi podemos escuchar desde aquí vuestro entusiasmo.

¡Fantástico! Entonces, ¿quién me dice por qué si unimos dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno obtenemos una molécula distinta que calma nuestra sed, que moja y que es capaz de apagar el fuego…?

Lo lógico es que, si esa nueva molécula fuese una simple suma de los elementos que la componen, el agua ardiese, ¿sí o no? Sin embargo, ¿cuántas veces en la vida presenciamos este tipo de milagros sin siquiera reparar en ellos? ¿Acaso no formamos todos parte de uniones que no sólo son superiores a la mera suma de sus componentes, sino que cumplen funciones que estarían fuera del alcance para los elementos que la integran por separado…?

Pues bien, esto es a lo que Bert Hellinger denomina Sistema en su obra maestra Órdenes del amor. Si os apetece quedaros un ratito más, poneos cómodos, porque hoy vamos a hablar de…

MILAGROS COTIDIANOS

El Universo en su conjunto es un gran milagro. Todo en él se compone de sistemas que a su vez están integrados por otros sistemas más pequeños: cada elemento que interviene en cada uno de estos sistemas está a su vez constituido por otros elementos aún más minúsculos. De tal manera que, como diría el propio Hermes Trimegisto, el tres veces grande, “así como es arriba es abajo”.

Todo, absolutamente todo (tú también), forma parte de una cadena compuesta por elementos: los átomos componen moléculas; las moléculas orgánulos; los orgánulos células; las células órganos; un conjunto de órganos da lugar a un ser. Si a este ser le añadimos unos recuerdos del pasado, unos anhelos de futuro, un momento presente, una consciencia y una personalidad obtenemos un ser humano, como tú…

Tú tienes una familia. Tu familia, las nuestras, junto con otras familias constituimos la Humanidad. La Humanidad, sumada a los animales y los vegetales, formamos el sistema Vida. La Vida unida a los elementos conforman el planeta Tierra. Nuestro planeta se integra dentro del Sistema Solar. Éste a su vez en la Vía Láctea. Nuestra galaxia junto con otras forman cúmulos. Todos los cúmulos de galaxias juntos dan lugar al Universo. Y ahora, como reza la canción de Love of Lesbian, “ahora dicen que hay muchos más universos infinitos como el nuestro. Dime si no es para volverse loco”. Y eso que no nos hemos puesto a descomponer los átomos en partículas subatómicas…

LA CLAVE ESTÁ EN EL LUGAR QUE OCUPAS

Lo mires por donde lo mires (por arriba o por abajo), todo el Universo está compuesto de sistemas. Es la manera que tiene el cosmos de ordenarse. Y lo primero que necesita todo sistema es un equilibrio que permita que el conjunto funcione.

Desequilibrios, exclusiones, usurpaciones de roles, conflictos…, esto pasa en todos los sistemas. Y, por supuesto, también ocurre hasta en las mejores familias.

Por ello, lo primero que tenemos que tener presente es que la mayoría de los sucesos limitantes que acontecen en nuestra vida, que se interponen en nuestro destino y no nos dejan ser felices, se deben a que no estamos ocupando nuestro lugar.

Nuestro lugar sobre todo con respecto a nuestra familia de origen (padres y hermanos). Y, “si no ocupamos nuestro lugar dentro de este sistema, que es el primero al que pertenecemos por el mero hecho de nacer ya en él, entre los nuestros -según la lógica de Hellinger- nos vamos a llevar esta carga al resto de sistemas de los que formemos parte: con nuestra pareja, dentro de la nueva familia que fundemos, o en nuestro propio entorno laboral, y vamos a tener ciertos conflictos con los jefes, con los compañeros o con las personas que tengamos a nuestro cargo. Y lo mismo ocurre con los grupos de amigos”.

Por lo que la gran pregunta sería…

¿DE QUÉ MANERA PODEMOS OCUPAR NUESTRO LUGAR?

La clave radica en estar seguros de que estamos ocupando el lugar que nos corresponde dentro de nuestra familia de origen. Es aquí donde tenemos que poner el foco en primer término. Porque hasta que no consigamos esto, no podremos establecer relaciones exitosas en el resto de sistemas a los que pertenezcamos (pareja, familia actual, amistades y otros colectivos).

Y, para ello, lo primero que tenemos que tener claro es qué es un sistema. Un sistema no es ni más ni menos que un conjunto de elementos que están relacionados entre sí. Hasta aquí no parece complicado, ¿verdad? Sin embargo, el fundamento de un sistema consiste en que los elementos vinculados entre sí componen una nueva unidad que es superior a la suma de sus partes. ¿Os acordáis del ejemplo de la molécula de agua que vimos antes…?

Ahora bien, ¿qué le ocurriría a esta misma molécula de agua si el hidrógeno quisiera ocupar el lugar del oxígeno o viceversa? Pues que se rompería el equilibrio y, en última instancia, si el sistema no se reequilibra pronto, corre el riesgo de descomponerse. De manera que un sistema dotado de capacidad para saciar la sed, mojar y dar vida, se quiebra en dos elementos que por separado entran en combustión (se queman). Ni más ni menos que lo que le ocurre a muchas familias cuando alguno de sus elementos:

  • Es excluido, es decir, apartado del sistema.
  • Usurpa el lugar de otro.
  • O se declara en huelga, ya sea a la japonesa (haciendo más de lo que le corresponde), o de la forma más habitual (dejando de cumplir sus funciones).

LOS TRES ÓRDENES DEL AMOR

Hellinger, después de estudiar cientos de familias, llegó a la conclusión de que existen tres principios fundamentales que, de no cumplirse, podrían generar conflictos, graves problemas e, incluso, fracturas en el seno del sistema familiar. Fue lo que él denominó Los Tres Órdenes del Amor (también conocidos como los tres órdenes sistémicos, aplicables a cualquier otro ámbito en el que se integren distintos individuos):

  • Derecho de Pertenencia: toda persona, por el mero hecho de haber nacido en su seno, tiene el derecho de pertenecer a su familia. Independientemente de lo que haya hecho o haya dejado de hacer; sin importar lo que le haya sucedido…
  • Jerarquía: toda persona que nace en una familia lo hace en una determinada posición. Un lugar concreto con respecto al resto de los miembros que la componen, que depende del momento en que ha nacido y de quién desciende directamente.
  • Equilibrio en el dar y recibir: todo vínculo (especialmente el familiar) depende de un intercambio de afectos, atenciones, tiempos, ayudas, etc. Este equilibrio se puede romper si algún miembro no da tanto como recibe, si no se percibe una reciprocidad por parte de otro u otros miembros del sistema.

Próximamente, en un nuevo artículo, entraremos de lleno en el primero de los tres Órdenes del Amor. Te invitamos a que no te lo pierdas.

No obstante, si no puedes esperar más o deseas profundizar a tope en este tema, has de saber que en el Máster de Desarrollo Personal, podrás aprender de la A a la Z este manual de instrucciones que nos enseña cómo manejar la tecnología del éxito, tanto en la familia como en los demás ámbitos de nuestra vida.

El Equipo de Instituto Pensamiento Positivo

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