Trate bien a sus colegas, puede que le consigan su próximo empleo

¿Cómo se consigue trabajo hoy en día? La respuesta a menudo tiene que ver con el networking, con la red de contactos de cada uno. Como se suele decir, no se trata de lo que sabes, sino de a quién conoces. Pero, ¿qué significa eso? Al fin y al cabo, estamos conectados con muchas personas, de innumerables maneras. Entonces, ¿a quién podemos ayudar realmente? ¿Qué tipo de relación deberíamos intentar aprovechar cuando buscamos trabajo?

Si asiste a un taller sobre búsqueda de empleo –y yo he  ido a más de 50 entre 2013 y 2014 durante un estudio sobre el horizonte laboral contemporáneo– le dirán que los lazos débiles son la clave. Los lazos débiles son las personas a las que conoce, pero no muy bien: el profesor de su hijo, el amigo de un amigo al que conoció por casualidad en una fiesta. Este consejo tiene sus orígenes en un estudio revolucionario del sociólogo Mark Granovetter de principios de la década de 1970. Granovetter entrevistó a 100 trabajadores de cuello blanco que habían cambiado de puesto de trabajo durante los últimos cinco años y descubrió que los lazos débiles habían ayudado a muchos de ellos a conocer su próximo puesto.

Los lazos débiles eran importantes por una simple razón: los lazos o vínculos fuertes (compañeros, familiares y amigos) probablemente cuentan con la misma información sobre posibles ofertas de trabajo que la persona en cuestión. Granovetter descubrió que una persona tiene más posibilidades de descubrir alguna oferta de trabajo a través de un primo segundo que se encuentra en una boda o un antiguo vecino en el aparcamiento del supermercado. De todos los participantes en el estudio de Granovetter que habían encontrado una oferta a través del boca a boca, el 83,4 % afirmó haberlo hecho gracias a un lazo débil. A principios de la década de 1970, estaba claro por tanto que la forma más eficaz de encontrar trabajo a través del networking era entrar en contacto con tantos lazos débiles como fuera posible.

Encontrar trabajo en el s. XXI: ¿Aún sirven los lazos débiles?

Me propuse averiguar si esto aún era cierto. Después de todo, el estudio de Granovetter se realizó hace décadas, mucho antes de que todos empezáramos a utilizar internet. Si las tecnologías que nos ayudan a buscar trabajo han cambiado de manera importante, pensaba, es probable que las formas en que conseguimos saber de puestos y ofertas de trabajo también. Tenía que encontrar una forma de replicar el estudio de Granovetter a fin de descubrir qué lazos o tipos de vínculos importan en el ecosistema tecnológico y de medios actual.

Encontré una fuente genial: la reunión semanal de una organización para trabajadores de cuello blanco que buscan trabajo en la zona de la bahía de San Francisco (EEUU). En estas reuniones, una parte de ellas se dedicaba a escuchar la experiencia de ‘buscadores’ de trabajo exitosos a los que, además, se les grababa en vídeo. Aunque no supone una duplicación del estudio de Granovetter, las 380 historias de éxito recopiladas entre 2012 y 2014 me permitieron llevar a cabo un estudio bastante comparable.

Entonces, ¿siguen siendo la clave los lazos débiles? No. De las 141 personas que afirmaron que hacer y tener contactos les había ayudado, tan solo el 17 % consideró que un lazo débil fue el elemento fundamental. Los lazos del entorno de trabajo, sin embargo, demostraron ser más útiles. Más del 60 % de los casos de éxito recopilados incluían una persona con la que ya se había trabajado como llave para encontrar otro trabajo. Ni siquiera se trataba siempre de compañeros, también antiguos superiores y clientes. Lo que encontraron más útil quienes buscaban trabajo era contar con personas que pudieran hablar con conocimiento de causa y de forma convincente sobre ellos como trabajadores y compañeros.

Se trata de un cambio drástico en comparación con la década de 1970, y el impulsor más obvio es nuestro ecosistema de plataformas, medios de comunicación y tecnologías radicalmente nuevo. Cuando Granovetter realizó su estudio, el principal reto a la hora de encontrar un trabajo era conocer la existencia de una oferta de trabajo. Durante la década de 1970, las ofertas de empleo se descubrían a través de anuncios de periódico, carteles de “Se busca” y el boca a boca. Ahora, esa es la parte fácil: las personas saben de ofertas de trabajo porque las ven en anuncios en línea, en las listas de puestos vacantes en las páginas web de las empresas e, incluso, son contactadas por cazatalentos. Eso ha dado paso a un nuevo problema: demasiada gente solicita los mismos puestos. Hoy, lo difícil, como casi todo el mundo sabe, es diferenciarse del resto de candidatos: lograr que el curriculum vitae destaque entre una pila de solicitudes, encontrar alguna forma de esquivar un laborioso y torpe proceso de selección

Los responsables de contratación se enfrentan al mismo problema: tienen que revisar cientos de solicitudes con unas herramientas informáticas limitadas, currículums ​y cartas de presentación. En estos momentos, lo que más valora el personal de Recursos Humanos es una recomendación sólida de alguien que conozca realmente como trabajador al candidato, alguien que pueda avalar que esa persona representaría una buena contratación.

Los efectos colaterales del networking: exclusión y discriminación

Sin embargo, y a pesar de que este tipo de vínculos son importantes, hay que señalar que podrían no cambiar una de las características más problemáticas del networking: los espacios de trabajo relativamente homogéneos. El propio Granovetter se fijó en que si las personas conseguían trabajo a través de sus lazos débiles, el networking no cambiaba la composición de las empresas. Después de todo, si una empresa no contrata a personas de color y de familias de clase obrera, también hay menos personas de esos ámbitos que puedan hacer correr la voz sobre una vacante. El problema ahora es más un sesgo implícito en la manera en la que funcionan las recomendaciones: las personas acostumbran a recomendar a compañeros con los que les gustaba trabajar. Depender de lazos y relaciones laborales no resuelve el problema de cómo el networking levanta barreras para lograr empresas más diversas; solo traslada la ubicación del problema.

En la práctica, ya que recomendar a una persona para un puesto de trabajo supone una parte tan relevante de las contrataciones –además de una forma de exclusión para personas de diferentes orígenes y entornos–, cómo hacerlo se ha convertido en una importante decisión ética. Toda persona que participe en la toma de decisiones sobre una contratación debería pensar cuidadosamente en quién está siendo recomendado y por qué. Asimismo, la persona que busca trabajo y se centra en hacer contactos, tampoco debe ignorar por completos sus lazos débiles (el 17 % de ellos aún gozan de buenas probabilidades).

No obstante, los lazos creados en trabajos anteriores podrían tener más peso al final. Las redes de contactos que le permita crear y potenciar su entorno de trabajo importa. No solo para sus condiciones laborales actuales, sino también para los puestos que pudiera conseguir en el futuro. Puede que la mejor manera de aumentar sus probabilidades de conseguir el puesto que desee más adelante sea tratar bien a los compañeros que tiene ahora.

Ilana Gershon

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