Consumidores, Unión Europea, rivales y la propia Google se juegan mucho tras la sanción comunitaria al popular buscador. ¿Cuáles son las implicaciones de la multa a Google?

La semana pasada conocíamos una noticia que, no por esperada, resulta menos sorprendente: la Unión Europea castigaba con 2.420 millones de euros por las prácticas anticompetitivas que habían protagonizado el lanzamiento y despegue de Google Shopping, el buscador de productos online de esta marca que recibió un trato preferente frente a otras opciones de mercado.

Y es que, como cualquier usuario puede comprobar, Google lleva destacando su sección de Shopping de forma notoria en sus resultados de búsquedas, al colocar sus productos en la parte superior de la pantalla, en bloques acompañados de recursos visuales y de color que no poseen el resto de plataformas de la Red. Esta práctica, en curso desde 2008, supone -a juicio de la UE- un claro entorpecimiento al libre comercio en Internet y un abuso de la posición dominante que ostenta Google como buscador hegemónico en el Viejo Continente.

Las instituciones europeas ya llevaban investigando este caso desde hace 8 años (en los que han revisado nada menos que 5.2 terabytes de resultados de búsqueda), lo cual demuestra la exhaustiva y complicada tarea desde las primeras reclamaciones hasta la histórica multa. Decimos histórica con razón, ya que se trata de la sanción más alta jamás impuesta por la Unión Europea, si bien está pendiente de un recurso por parte de Google. Hasta ahora, este peculiar y nada deseado récord lo ostentaba Microsoft, que ha pagado unos 2.200 millones de euros por sus prácticas monopolísticas relacionadas con Windows y su buscador Bing, aunque en este caso se trata no de una única sanción sino de varias multas acumuladas por los mismos motivos desde 2004.

Pero, más allá de la anécdota y el reproche fácil, cabe preguntarse cuáles serán las implicaciones a corto, medio y largo plazo de esta decisión. ¿Qué hará Google tras la sanción? ¿Cómo beneficiará o perjudicará a los usuarios? ¿Recibirán alguna ventaja sus rivales o les supondrá un nuevo problema?

Para Google y sus rivales

La multimillonaria sanción contra Google constata lo que ya se venía sabiendo desde hace un tiempo: la Unión Europea tiene en su diana a esta empresa por el enorme poder, influencia y control que su buscador (puerta de entrada a Internet y toda la economía digital, al fin y al cabo) puede ejercer. No en vano, la compañía de Sundar Pichai ha recibido en los últimos años acusaciones que van desde abuso de posición dominante en la publicidad online hasta investigaciones –promovidas por sus rivales inmediatos, como Microsoft– por su 90% de cuota de mercado en buscadores. Eso sin olvidar la incesante y todavía en curso investigación por las supuestas prácticas anticompetitivas de Google respecto a Android o la persecución fiscal (no dirigida por la UE, pero sí amparada por ella) que varios países miembro -incluyendo España- están llevando a cabo para garantizar que Google pague sus impuestos como corresponde.

La situación ha llegado a tal punto que la propia Unión Europea aprobó la posibilidad de que Google se dividiera en varias empresas independientes para evitar sus numerosos conflictos de interés. Una postura muy clara que recuerda a la persecución que sufrieron sus homólogos en Microsoft en la década de los 2000 y que no acabó hasta que nuevos actores -como la propia Google o Facebook- hicieron su irrupción en escena, atrayendo hacia ellos la atención (y la presión) del regulador.

La multa no sólo supondrá un duro golpe financiero para Google (perfectamente asumible por la compañía, que goza de una de las mejores reservas de efectivo de todo el sector) sino que traerá numerosos cambios a la compañía y los servicios que ofrecen desde Mountain View. La más segura: pérdida de ingresos por la menor visibilidad de su comparador de precios. La más grave, aunque es una opción remota (pero no descartable a juicio de los expertos consultados por TICbeat y varios analistas internacionales) es que la empresa tenga que poner fin al secretismo de su algoritmo. Recordemos que Google guarda su magia en su potente (y cambiante) algoritmo, el cual ha sido el responsable de primar los resultados de Shopping frente a los de sus rivales. Al confirmarse esta práctica ilegal, los competidores -como Bing- podrían exigir que se investigue en profundidad el algoritmo por si existieran más aspectos que supusieran un perjuicio para sus clientes y rivales. Ello implicaría, de ser autorizado por un juez, que Google tendría que desvelar el código fuente de su buscador, el cual no está protegido por patentes, con lo que cualquiera podría replicarlo a coste cero y Google perdería su gran ventaja competitiva.

Para los usuarios

La principal y más inmediata consecuencia de esta sanción la vivirán los usuarios de Google cuando hagan cualquier búsqueda relacionada con productos o compras en la Red. Y es que la Unión Europea no sólo ha castigado económicamente a Google por sus prácticas, sino que le ha obligado a cesar en las mismas. Por ello, la empresa de Mountain View tiene 90 días para cambiar la forma en que muestra los resultados de Google Shopping y equiparar su relevancia al de los demás competidores. En caso de no hacerlo, la multa podría seguir ascendiendo hasta representar el 5% de todos los ingresos a escala global de Alphabet, matriz de Google.

Al menos en teoría, este cambio de paradigma permitirá a los consumidores acceder a más ofertas y en mejores condiciones de mercado a través de Google, facilitando así la comparación independiente y no interesada de productos. ¿La contrapartida? Forzar la igualdad plena de resultados puede suponer que se nos muestren más resultados no interesantes o que no se ajustan a nuestras preferencias, como ya alertó Google durante el proceso que culminó con esta ingente sanción.

Para la Unión Europea

Esta decisión, como decíamos, se enmarca dentro de una profunda revisión europea a las prácticas de Google en muy diversos campos, con lo que casi todos los expertos coinciden en que esta multa de 2.420 millones de euros debe ser interpretada como un golpe encima de la mesa de Bruselas ante cualquier potencial monopolio digital procedente de fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, no está claro cuál puede ser la repercusión en futuras sanciones a Google.

Por un lado, esta sanción puede abrir la primera de, al menos, otras dos multas de similar tamaño, abriendo la veda no solo para Google sino para cualquier otra multinacional. Pero, por otro lado y como ya ha ocurrido en el pasado, puede que la UE tan sólo quisieran mostrar su fortaleza y determinación ante la escalada de casos antimonopolio en los últimos años, rebajando los montantes económicos de futuras sanciones si encuentra mejoras o buena voluntad en las prácticas de las grandes compañías TIC.

A favor de esta última hipótesis juega la encarnizada lucha que la Unión Europea mantiene con Estados Unidos por estas investigaciones, consideradas al otro lado del Atlántico como una persecución interesada para proteger los intereses comerciales de las empresas europeas. Estas acusaciones norteamericanas, datadas ya en la época de Barack Obama como presidente, pueden suponer una importante presión en futuras decisiones de los reguladores comunitarios, jugando un papel clave en las negociaciones comerciales y políticas con Donald Trump y su Administración.

Escrito por Alberto Iglesias Fraga