En una ocasión, el presidente de una multinacional europea estuvo en el número 7 de Clifford Street, una céntrica calle londinense en la que se ubica la sede de The Children Investment (TCI). El fundador de este ‘hedge fund’, Chris Hohn, bajó a saludar al ‘chairman’ de la firma en la que había invertido. El ejecutivo apenas empezó a explicarle a Hohn una situación por la que atravesaba la empresa cuando sin más miramientos le espetó “mande usted una carta al Gobierno”. El presidente asintió y siguió adelante con sus explicaciones, pero el gestor del fondo no se quedó conforme y volvió a insistir sobre la idea de remitir una misiva al Ejecutivo de su país para subsanar ese asunto. Ante tal empeño, el presidente le tuvo que hacer ver que era él quien dirigía la empresa.

La anecdota reúne alguna de las características que se le atribuyen al fondo. A diferencia de la mayoría, TCI toma un papel activo en las empresas en las que invierte. Y no le va mal esta fórmula. Empezó en 2003 gestionando 500 millones de dólares y hoy maneja 22.000, según apuntan fuentes del mercado. En estos años ha conseguido una rentabilidad media de más del 18%. De su fundador, Chris Hohn, dicen que es muy inteligente, directo e insistente, lo que le lleva a ser agresivo en sus planteamientos corporativos. Busca alianzasentre inversores cuando necesita sacar adelante sus ideas de gestión en las empresas en las que participa “aunque esto no siempre le sale bien”, apunta un exconsejero de una cotizada del Ibex.

Muchas de sus apuestas han dado que hablar. TCI forzó la dimisión del CEO de Deutsche Börse por negarse a abandonar el plan de fusión con London Stock Exchage. También apoyó el troceo del banco holandés de ABN Amro o provocó una ola de ventas en la acción de J-Power cuando su junta rechazó subir el dividendo que reclamaba. Incluso llevó a cabo acciones legales contra el gobierno de India por la fijación de precios al carbón que perjudicaba a Coal India Limited, una de sus participadas. Siempre al máximo.

Más recientemente, ha mantenido disputas con Volkswagen, donde pidió una revisión radical de los pagos a sus ejecutivos ante la marcha de la compañía. Este año se ha opuesto frontalmente a la compra de Zodiac Aerospace por parte de Safran, firma en la que están invertidos. Y siempre a pecho descubierto. En su página web publican todas las cartas enviadas a los directivos de ambas empresas mostrando sus discrepancias. Estas disputas son prácticamente la única información que muestra el portal digital del fondo.

Está claro que no acude a los consejos de administración a calentar la silla, como demuestra su participación en Aena. El último episodio ha sido el voto en contra emitido ante la elección de Jaime García-Legaz como presidente. La discrepancia no tenía como objetivo atacar al exsecretario de Estado de Comercio, apuntan fuentes próximas al fondo, sino a Enaire, la sociedad estatal dependiente de Fomento que domina el gestor aeroportuario y que había hecho caso omiso de los deseos de su segundo ‘stakeholder’ (TCI controla más del 10% del capital social).

La influencia que ejerce el fondo trasciende a su nivel de participación en la empresa. Antes de participar en Aena, el expresidente José Manuel Vargas pidió consejo sobre este fondo. Todos destacaron su capacidad financiera así como su vocación de permanencia, otro de los factores poco habituales en un ‘hedge fund’, ya que TCI suele aguantar su posición inversora por largo tiempo. Sin embargo, le advirtieron de su enorme poder de influencia. Años más tarde de este aviso, Vargas ha cerrado su etapa en los aeropuertos con su dimisión, alineado con TCI y enfrentado al Gobierno dentro del consejo de Aena.

En España, TCI ha pasado por Red EléctricaEnagás, Abertis o Aenacomo accionista directo -aunque a veces toma posiciones de manera indirecta a través de derivados-, lo que demuestra su gusto por empresas de corte regulado. No obstante, también ha sido inversor en otras compañías como AbengoaAcciona.

También han participado en empresas más pequeñas con problemas. Reflotaron antes de la quiebra a la compañía andaluza de suministro de agua Giasha, a la que incluso perdonaron parte de los intereses tras el fuerte despegue que la firma experimentó con su plan. También fueron clave en Aqualia, la sociedad de gestión de agua de FCC, que consiguió ganar todos los concursos a los que se presentó tras la inyección de capital de TCI. Su papel fue determinante en un momento de dificultad de la compañía, lastrada por la deuda y con el grifo del crédito bancario cerrado.

En total, TCI ha invertido en España 1.500 millones de euros que en cuatro años se han convertido en 4.000. Al frente de su gestión en territorio español está Jonathan Amouyal, responsble de ejecutar la estrategia de Hohn, que aún ve potencial en el país y está satisfecho y con deseo de seguir invirtiendo en el tejido empresarial español. No obstante, la amenaza que supone la deriva indendentista de Cataluña ha despertado su preocupación.

5.000 millones en caridad

Toda la lucha sin cuartel que demuestra el fondo en su actividad inversora cuenta además con una importante labor filantrópica. Sus donaciones a obras de caridad ascienden a 5.000 millones de los beneficios del fondo. Está centrado en los niños, de ahí el nombre del mismo. The Children Investment nació de la mano de una fundación que dirige la exmujer de Chris Hohn (TCIFF) y que recibía fondos directos hasta su divorcio, uno de los más caros, sonados y pasados por los tribunales del Reino Unido. Precisamente esta labor filantrópica le ayuda a manejar una agenda de primer nivel, que escala hasta la familia real británica o las grandes fortunas de EEUU, como la de Bill Gates, otro popular multimillonario mecenas.

Chris Hohn ya era rico antes de fundar TCI, había amasado 75 millones de libras con sus trabajos en Apax Partner, donde se curtió con el mundo del ‘private equity’, y Perry Capital, otro ‘hedge fund’ de la City. De origen humilde, llegó a estudiar en Harvard gracias a sus excelentes resultados académicos. Hoy acumula 2.100 millones de libras, según la revista Forbes. Ocupa el puesto número 26 como mayor fortuna del Reino Unido y es caballero del Imperio Británico desde 2004. una carrera meteórica para el hijo de un mecánico jamaicano y una secretaria del sureste de Inglaterra.

Via: Cotizalia