La definición del emprendedor relaciona varias disciplinas, tales como: economía, estrategia de negocios, comportamiento organizacional, sociología y psicología. Los economistas definen al emprendedor en función de las actividades y logros conducentes a afectar el sistema económico; los sociólogos buscan comprender el modo en que el comportamiento de los emprendedores tiene lugar en la sociedad y puede afectarla; y los sicólogos se focalizan en las características personales y el proceso cognitivo de éstos.

Habitualmente se piensa en “aquella persona que pone en marcha con entusiasmo y determinación un negocio” [1], es decir aquel que sabe descubrir, identificar una oportunidad de negocios en concreto y se dispone a organizar o conseguir los recursos necesarios para comenzarla y llevarlo a la práctica. Pero la conceptualización no es tan simple ya que se confunden términos como negociante, empresario, comerciante, autónomo, trabajador independiente o inversionista.

Un emprendedor es un empresario en potencia; ambos persiguen lo mismo: generar empleo y desarrollo económico. Los dos son gestores, pero el emprendedor puede tener una pasión por lo que hace que al empresario le puede faltar. Precisamente “una de las fallas en el emprendimiento, es llegar a creer que, si se es buen emprendedor, también se puede ser buen empresario, lo que no siempre resulta cierto, y puede costar el éxito de un proyecto. Una cosa es emprender (idear un negocio y desarrollarlo) y otra cosa muy distinta es ser empresario (gestionar el proyecto luego de implementado). Cada uno requiere habilidades diferentes y específicas, y es difícil que una sola persona las tenga todas. Hay personas muy hábiles para emprender nuevos negocios, pero una vez el negocio es establecido, no tienen la habilidad requerida para expandirlo o siquiera mantenerlo” [2].

Para Pablo Martínez, “un emprendedor es importante para iniciar algo y romper paradigmas, pero es necesario un empresario para lograr que algo emprendido logre llegar a los niveles mayores de crecimiento. Se necesita paciencia, visión, enfoque y sobre todo perseverancia, para lograr que una idea pueda llegar lejos. Afortunadamente no estamos hablando de que sean dos personas diferentes, sino dos tipos de mentalidades distintas: ser emprendedores para iniciar un proyecto con la motivación y la esperanza de que sí se puede; y ser empresarios para que cuaje el proyecto, con la paciencia y la entrega total para que crezca” [3]

Un emprendedor es capaz de identificar una necesidad, materializarla en idea, reunir los recursos necesarios y llevarla a la práctica, transformando esa idea en productos y/o servicios que comercializará a través de una empresa. En el momento en que dicha empresa comienza a desarrollar su actividad y aborda el camino de la consolidación, alcanzando los objetivos inicialmente establecidos, el emprendedor comienza a transformarse en empresario. Es la etapa en que el emprendedor comienza a ejercer con eficacia las funciones de directivo o gestor

Emprendimiento e innovación

Teniendo presente las dificultades conceptúeles e incluso semánticas, actualmente la mayoría de los estudiosos del tema coinciden en identificar el emprendedor con la innovación. Para Manuel Ángel: “Para ser emprendedor se debe ser cumplir con ciertos parámetros y uno de estos parámetros son la innovación. El emprendedor por naturaleza es innovador y en el momento que deja de ofrecer innovación, se deja de ser emprendedor, esta definición es acorde a la definición de Schumpeter. El negociante nunca ofrece innovación, simplemente ofrece intercambio de bienes y/o servicios por dinero, en ningún lado se refleja innovación y mucho menos el valor agregado” [4]

Hay autores, como Isabelle Chaquiriand y Leonardo Veiga, que especulan que “se puede iniciar un emprendimiento sin innovar. Se puede encontrar una ventaja competitiva haciendo más de lo mismo porque hay un público que está desatendido, o copiando un concepto ya existente” [5], pero eso también es una innovación ya que, según el Manual de Oslo, ”se entiende por innovación la concepción e implantación de cambios significativos en el producto, el proceso, el marketing o la organización de la empresa con el propósito de mejorar los resultados” [6], es decir atender un nuevo mercado, nuevas estrategias de distribución o de marketing en general, pueden ser consideradas innovaciones. Pero en últimas, como reconocen Chaquiriand y Veiga, que ese tipo de innovación “serán muy difícil sostenerlo en el tiempo y generar beneficios económicos si no se innova en algún momento, si no genera ventajas competitivas que produzcan un incremento en la propuesta de valor”[7]

En Colombia, según Ley 1014 de 2006, “emprendedor es una persona con capacidad de innovar; entendida esta como la capacidad de generar bienes y servicios de una forma creativa, metódica, ética, responsable y efectiva” y “emprendimiento es una manera de pensar y actuar orientada hacia la creación de riqueza. Es una forma de pensar, razonar y actuar centrada en las oportunidades, planteada con visión global y llevada a cabo mediante un liderazgo equilibrado y la gestión de un riesgo calculado, su resultado es la creación de valor que beneficia a la empresa, la economía y la sociedad” [8]

Otro autor es categórico al decir que “me gustaría hacer una distinción al margen de la Academia de lo que entiendo por emprendimiento: Para mí, el emprendimiento necesariamente debe incluir la creación de valor sostenible; no solo desde el punto de vista económico sino también y sobre todo visto como la capacidad de generar nuevas oportunidades para otros. Me refiero puntualmente a que un emprendimiento desde mi punto de vista no es unipersonal, ni puede servir únicamente para abultar la billetera del “emprendedor” [9]

Tipos de emprendimiento

Teniendo presente que hay varias clases de emprendimiento como los sociales, políticos, culturales, públicos, artísticos, religiosos, etc., en esta oportunidad nos centramos en el emprendimiento empresarial, cuya motivación principal es la económica.

La innovación, como veíamos, es el denominador común al perfil emprendedor, entendiendo por innovación la introducción de cualquier mejora en producto, proceso, organización o marketing, llevada al mercado. Manuel Gross asevera que “la innovación es el proceso de llevar a la práctica concreta las ideas generadas por la creatividad y la capacidad de innovar es la característica esencial de la personalidad de los emprendedores” [10]. Además, “el emprendedor innova no sólo a través del desarrollo de nuevos productos, sino también a través de cualquier acción que mejore y le dé vigencia a la propuesta de valor de su sistema productivo” [11] .

Por otra parte, a menudo se piensa que el espíritu emprendedor se refiere sólo a la creación y puesta en marcha de nuevas empresas, pero hay diferentes clases de actividad emprendedora y que este transformador y su espíritu, pueden ser puestos de manifiesto dentro o fuera de un contexto organizacional dado previamente.

Hay quienes crean empresas y hay quienes las transforman o mejoran. Kundel define la actividad emprendedora como “la gestión del cambio radical y discontinuo, o renovación estratégica, sin importar si esta renovación estratégica ocurre adentro o afuera de organizaciones existentes, y sin importar si esta renovación da lugar, o no, a la creación de una nueva entidad de negocio” [12]

Gifford Pinchot [13] fue uno de los pioneros en hacer una distinción entre el intraemprendedor y el emprendedor. Desde ese punto de vista, podemos tener dos tipos de personas, ambas fundamentales para impulsar la innovación:

 

  • Intrapreneur: el empresario dentro de la empresa, que asume la responsabilidad activa de producir cualquier tipo de innovación dentro de la compañía; el que introduce y produce nuevos productos, procesos y servicios, que le permiten a una empresa crecer y beneficiarse
  • Entrepreneur: el empresario independiente que busca crear empresas y desempeña el mismo papel el anterior, pero fuera de las organizaciones

De acuerdo a Dehter, aun cuando “hay muchos tipos diferentes de actividad emprendedora, que requieren diferentes habilidades empresariales y que también son diferentes los riesgos y las recompensas en cada uno de ellos” [14]. Incluso, según este autor, los roles de entrepreneur y el intrapreneur son intercambiables. Por ejemplo, un emprendedor funda y pone en marcha su empresa; la gestiona, pero también la innova y desarrolla. Dice Mauro Rodríguez, “en cualquier puesto se puede ser empresario, lo mismo que en cualquier puesto se puede ser burócrata” [15]

El emprendedor es alguien que sueña, que crea e innova… Basta mirar alrededor para ver los productos que nos rodean, desde los más elementales a los más complejos, en algún momento fue la quimera de un emprendedor, interno o externo…

El modelos, planes y estrategias

Para mejorar los resultados, actualmente se postula adoptar un modelo de negocio, entendiendo por tal lo que “describe el modo en que una organización crea, distribuye y captura la atención de un segmento de mercado. Esta definición conlleva un tratamiento del concepto que va mucho más allá de la generación de ingresos o gastos y divide el concepto en partes más pequeñas (p.ej. Segmentos de clientes, proposición de valor, canales, relación con los clientes, esquema de ingresos, recursos, actividades, socios y estructura de costos) que pueden ser abordadas, tanto de un modo individual como analizando cómo se configuran las relaciones entre ellas” [16].

Lo que se necesita para emprender no es sólo una idea de negocio, sino un modelo de negocio. La idea es lo que se le ocurre a una persona; el modelo es una representación de todo lo que implica esa idea: a quién se lo va a vender, qué es lo que le va a vender, cómo va a hacerlo, con quién va a trabajar, qué tiene que hacer, cómo va a cobrar… “Modelo de negocios describe la fórmula con la que una organización crea, entrega y captura valor” [17].

Habitualmente se mezclan tres dimensiones del mundo de los negocios y emprendimientos: los modelos, los planes y las estrategias de negocios, que no son lo mismo, pero se complementan

 

  • Los modelos de negocios se enfocan en diseñar la manera de funcionar de un negocio, combinando distintos elementos bajo una fórmula propia para crear, entregar y capturar valor.
  • Los planes de negocios toman el modelo imaginado y/o en ejecución de un negocio y profundizan todas las variables y aspectos del mismo para organizarlos bajo un formato de plan, desagregando cada tópico, estimando variables y operativizando muchas definiciones propias del negocio
  • Las estrategias de negocios son grandes definiciones de cómo se harán las cosas en las distintas dimensiones de los mismos. Alimentan el diseño de modelo de negocios y facilitan la coherencia de ellos al “atarlos” de alguna manera a un paquete de decisiones estratégicas que el emprendedor y su equipo deben tomar al arrancar. Hay una diversidad de temas y matrices que hacen a la estrategia.

A diferencia de un Plan de Negocios, los modelos se basan en hipótesis y prácticas, por lo cual, la investigación de mercado (un proceso más lento y costoso) y/o el segmento de finanzas (que requiere cálculos del ROI y otras métricas numéricas), son elementos que pasan a una segunda etapa, es decir, cuando se ha seleccionado el problema, el segmento, la solución y se tiene una idea más clara y precisa de los elementos mínimos necesarios para empezar a operar [18].

Antes de comenzar a emprender, es trascendental tener claro el Modelo de Negocio para responder con relativa certeza las preguntas más importantes a la hora de emprender un negocio:

  • ¿Cuál es el cliente y como llegarle de una manera efectiva y eficiente?
  • ¿De qué tamaño es el mercado y cuáles son las principales tendencias que lo están afectando?
  • ¿Cuál es la propuesta de valor y ventaja competitiva?
  • ¿Cuál es el problema a resolver y cuál es la solución brindada?

Antes se pensaba que el Plan de Negocios era lo más importante pero “la enseñanza del emprendimiento ha madurado. Los académicos creyeron en un tiempo que enseñar emprendimiento equivalía a instruir a los estudiantes sobre cómo escribir un plan de negocios” [19]. Realmente se comienza con el descubrimiento de una oportunidad propicia para tratar de aprovecharla.

Luego, antes de reunir el dinero o los otros recursos necesarios, el emprendedor debe examinar en forma cuidadosa –y desapasionada– la oportunidad misma. ¿Tiene una oportunidad aceptable de supervivencia? Por lo tanto, antes del plan de negocios, hay tres pasos: descubrir una oportunidad, evaluarla objetivamente y desarrollar el modelo de negocio; después viene el Plan.

Necesidad de información

Como se sabe, un gran porcentaje de los nuevos productos o servicios que se introducen al mercado organizaciones establecidas fracasan y las probabilidades de supervivencia de las nuevas empresas son bastante bajas en nuestro medio. Y ello ocurre porque esta innovación no surge de una necesidad realmente identificada, evaluada y confirmada del mercado, es decir de una verdadera oferta de valor, sino de un aparente know-how.

Una oportunidad de negocios es algo mucho más complicado que una simple idea con potencial de beneficio. Una verdadera oportunidad incluye tres elementos centrales: una propuesta de solución, la deseabilidad percibida de ésta en el mercado en términos de necesidades y un modelo de negocios que le da valor y atractivo.

El emprendedor puede tener una gran idea empresarial, pero si ésta no ha considerado los consumidores o usuarios y sus hábitos, es decir, cómo compran, por qué lo hacen (comportamiento de compra), en dónde compran (distribución y logística), cómo buscan y se enteran de las soluciones a sus nuevas y cambiantes insatisfacciones (comunicación), y cómo se pueden personalizar soluciones (producto o servicio); lo más seguro es que su emprendimiento naufrague. A veces el éxito o fracaso se puede reducir a un color o presentación, a un canal inadecuado o un mal precio… Y eso requiere conocimiento.

Muchos emprendedores producen y luego se preguntan a quién y cómo venderle… pero definitivamente no es vender lo que queramos vender, sino lo que nos quieran comprar… Por eso la pregunta sería primero qué, cómo, dónde y cuándo requiere el mercado algún producto o servicio. Pero esto, que parece natural y obvio, no siempre se cumple y ese es un gran problema que enfrentan muchas organizaciones. La falencia es que no manejan ni utilizan las herramientas y ayudas para identificar necesidades y desarrollar los productos y servicios pertinentes

Dice Javier Mejías “todo nuevo modelo de negocio de éxito parte de una necesidad tangible en un cliente claramente identificado que siente el deseo de resolver el problema” [20]. No olvidemos que a los clientes les importan sus problemas, no nuestra solución…

Las compañías de mayor éxito son aquellas que parten de un real conocimiento de las condiciones actuales del entorno, mercado, clientes, competencia y la propia organización. Esto les permite ser creativas e innovadoras para satisfacer en mejor forma las verdaderas necesidades y expectativas de sus clientes, al proporcionarles una oferta mejor que la competencia.

Normalmente están ocurriendo una serie de eventos (hechos y situaciones), que se pueden expresar en datos que toman la forma de registros, que no tienen significado per se. Al ser procesados (ordenados, analizados e interpretados) y cotejados, en un formato más amigable para el usuario, se transforman en información, que al ser estudiada se vuelve conocimiento o “inteligencia”, que es el sentido e interpretación que le damos a esa información. Y es precisamente ese conocimiento, la base e insumo clave para hacer estrategias efectivas. Con eso evitamos basarnos solo en la experiencia o intuición, para partir de componentes relevantes, reales, objetivos, precisos y dinámicos.

Las Tecnologías de la Información y Comunicación, mejor conocidas como TICs son todos aquellos recursos, herramientas y programas que se utilizan para procesar, administrar y compartir la información mediante diversos soportes tecnológicos y éstas “pueden estar presentes en cada etapa de la generación de valor, las áreas de uso son múltiples dependiendo del tipo de empresa de la que se trate. Por ejemplo, en la relación con los clientes y con los proveedores, la gestión de pedidos, la facturación, el control de clientes y la información sobre productos son todas tareas digitalizarles, que permiten aumentar los canales de comunicación, mejorar la gestión y reducir los costos entre ambas partes” [21]

Es decir, las Tecnologías de la Información y Comunicación, ayudan a identificar los verdaderos deseos, necesidades y expectativas del mercado, para identificar oportunidades y validarlas, y desarrollar a partir de ese conocimiento, las ofertas de valor pertinentes, ya sea para iniciar un emprendimiento, como para desarrollar nuevos productos y servicios, estableciendo las estrategias adecuadas para su comercialización

Además, “gracias a ellas, las organizaciones han conseguido obtener importantes beneficios, entre los que caben mencionar la mejora de sus operaciones, llegada a una mayor cantidad de clientes, la optimización de sus recursos, la apertura a nuevos mercados, un conocimiento más profundo acerca de las necesidades de la clientela para brindarles un servicio de mejor calidad y una comunicación más fluida, no sólo con sus empleados sino también con sus clientes y proveedores. En pocas palabras, las TIC les permiten lograr aumentar considerablemente su eficiencia” [22].

Solo aquellas organizaciones que se esfuercen en lograr información e inviertan tiempo y recursos en absorberla, analizarla, interpretarla y aplicarla, para lograr el conocimiento requerido, tendrán la posibilidad de generar estrategias creativas que las harán más competitivas para enfrentar adecuadamente las nuevas circunstancias en épocas de incertidumbre y globalización

Para que un emprendimiento sea exitoso, debe contemplar la innovación y la información, como uno de los insumos más importantes. Eso le permitirá crecer y ser competitivo, no solo aprovechando oportunidades, sino construyéndolas

Un artículo escrito por Alejandro Schnarch