La buena salud de la economía española esconde alguna que otra debilidad. Es el caso de la posición de inversión internacional, que refleja una dependencia de los no residentes por un importe de 972.700. Esta posición financiera neta negativa equivale al 86,5% del producto interior bruto (PIB) y entraña riesgos de inestabilidad en caso de turbulencias en los mercados. Organismos como la Comisión Europea recomienda que esta ratio no se vaya a niveles superiores al 35%. Esto supone una debilidad que podría cuantificarse en 600.000 millones superior a lo deseable.

La posición de inversión internacional es la diferencia entre el papel inversor de las empresas españolas las grandes que cotizan en el Ibex 35, en el extranjero (los activos), menos la financiación de la economía española por parte de los inversores no residentes (los pasivos). En el caso de España, la cifra negativa representa lo que deberíamos devolver a los inversores extranjeros si quisiéramos ser autosuficientes, sin relaciones con el resto del mundo, sin lo que nos han prestado los inversores foráneos.
Según los últimos datos publicados por elBanco de España, los pasivos de España respecto al resto del mundo se sitúan en 2,8 billones de euros. Si a esta cifra se le resta la posición acreedora por la financiación de las empresas españolas en los países donde operan arroja una cifra de 973.000 millones de euros que es una posición de inversión internacional negativa.
Fuente de tensiones
 La cifra es importante, porque en caso de producirse tensiones en los mercados, una mayor dependencia del ahorro exterior puede ser fuente de desestabilización en los mercados. Asimismo, esta posición deudora española frente a otros países implica una salida de fondos al extranjero, lo que reduce el crecimiento. Si la deuda se encuentra en manos de sociedades del país, el dinero permanece en la economía y se reinvierte en ella.