Del capitalismo suele decirse que no es el modelo económico perfecto, pero sí el mejor que conocemos. De hecho rara es la persona que concibe un sistema diferente al actual, como probablemente tampoco lo concebían quienes en su momento abrazaron el socialismo clásico. ¿Plantear mejoras? Seguramente muchas, ¿pero cuántas personas apuestan realmente por ‘algo nuevo’? Pocas, y quienes lo hacen suelen hablar más de deseos que de datos. Pues bien, puede que las actuales tendencias tecnológicas, energéticas y sociales estén creando el caldo de cultivo de ‘algo nuevo’. No sé cómo de ‘nuevo’, pero sin duda diferente a lo actual.

¿De qué estoy hablando? Como ya hemos analizado en algunos artículos de esta sección, actualmente se están desarrollando tendencias de carácter estructural que mutarán el mundo que conocemos. Puede parecer aventurado decir algo así, especialmente con tantos vendedores de humo por ahí sueltos. Pero el hecho es que hemos pasado de realizar debates por puro entretenimiento sobre el fin del trabajo del siglo XX, a verlo como una posibilidad muy real.

El cambio es tan extremo que está provocando la caída de los grandes ‘oligopolios’ históricos

Hemos pasado de amar el petróleo y considerar su escasez un obstáculo para el desarrollo, a ver como los fabricantes de automóviles abrazan lo eléctrico en un abrir y cerrar de ojos, o como un sistema energético basado en renovables escada día más algo más cercano. Hace poco escribíamos a máquina, y tirábamos la hoja si al teclear nos equivocábamos, hoy cubrimos todas nuestras necesidades financieras con un móvil. Suena como si ya hubiese pasado un siglo desde la muerte de la máquina de escribir, pero no, es muy reciente.

El cambio es tan extremo, que incluso está provocando la caída de los grandes ‘oligopolios’ históricos. Uber amenaza el históricamente regulado sector del taxi, Number 26 inquieta a la banca, y el sector energético mira de reojo porque puede ser el próximo. ¡Y aún estamos empezando! Antes de la presente crisis financiera nadie pensaba en ‘locuras’ de este calado, o no como algo factible. Hoy sin embargo parecen existir disrupciones en todos los sectores, al que no le toca antes le toca después, y todo ello en un breve período de tiempo. ¿Qué podrá pasar entonces en otros diez años vista?

No estamos ante una moda, sino ante algo muy real que, cada vez que evoluciona, mueve cientos de millones de unos bolsillos a otros. Por ello no va a detenerse. No sé si estamos exactamente ante una Cuarta Revolución Industrial, ante un fenómeno con efectos similares a la globalización, o si lo podemos comparar a la invención de la cámara digital pero a nivel masivo en multitud de sectores. Sea lo que sea, va a cambiar nuestras vidas aunque aún no nos hayamos dado cuenta. ¿Cómo? Eso es más complicado de saber.

Ahora hablamos de la era del coste marginal cero, lo que podría dinamitar la forma de entender actualmente la economía

Para Jeremy Rifkin la economía colaborativa podría ser uno de los principales rasgos del nuevo modelo económico, de hecho la considera un modelo más junto al capitalismo y al socialismo. En una reciente entrevista en ‘El País‘ sostiene que se están generando los pilares que se dan en los cambios de sistema económico: comunicación, energía y logística. Así, si la presente era la podemos definir en función de conceptos como coche, electricidad centralizada, petróleo, teléfono, televisión… ahora hablamos de energías renovables, de aplicaciones, del internet de las cosas. Ahora hablamos de la era del coste marginal cero, lo que podría dinamitar la forma de entender actualmente la economía.

Es cierto que las empresas tienden cada vez a vender ‘experiencias’ en lugar de ‘cosas’, tanto la experiencia en el uso, como los intangibles asociados a las marcas por ejemplo. Pero ese ‘valor añadido’ es cada vez más difícil de generar si el coste marginal del producto es cero. Que se lo digan a la enciclopedia Encarta de Microsoft, quien fue incapaz de luchar contra la Wikipedia a pesar del ‘valor añadido’. Aplicar el mismo modelo de negocio en un entorno totalmente diferente, tiene tanto sentido como ser profesor y pedir a tus alumnos que hagan un trabajo sobre un tema que puedan copiar y pegar de internet; una búsqueda que hace 30 años si era realmente meritoria.

En este entorno, la economía colaborativa tiene mucho que decir. Porque al mismo tiempo que el ‘trabajo del siglo XX’ se vuelve escaso, se abren un sin fin de posibilidades en la nueva economía. Hoy en día es posible alquilar nuestro coche, nuestra casa, vender nuestras habilidades, prestar nuestra ropa, colaborar con un medio de comunicación, hacer préstamos a desconocidos… lo que queramos. Por una parte se trata de un nuevo nivel de eficiencia jamas alcanzado, nunca fue tan fácil encajar oferta y demanda; la información de democratiza como nunca antes; por la otra, donde antes se movían miles de millones de euros y trabajos tradicionales, ahora vemos lowcost y precarización.

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Al mismo tiempo que los robots tienden a sustituirnos, y que la Unión Europea se plantea un impuesto para ellos como si fuesen personas, la gente normal y corriente se ve envuelta en un círculo vicioso en donde los trabajos se precarizan, los salarios bajan, y una forma de complementarlos es con la economía colaborativa, y una forma de gastar menos es con la economía colaborativa. Lo que a su vez hace que la rueda siga girando.

La gente normal se ve envuelta en un círculo vicioso en donde los trabajos se precarizan, los salarios bajan, y esto se complementa con economía colaborativa

No obstante, a pesar de los inconvenientes, la tendencia no va a parar, al igual que el capitalismo no pereció ante el socialismo clásico por existir el despido, simplemente se creó el Estado del Bienestar y se encajó el progreso con la calidad de vida. Algo que vuelve a ser un gran reto hoy en día. La economía colaborativa es más eficiente que el capitalismo tradicional en muchos aspectos, muchos modelos de negocio no pueden competir contra ella y otros tendrán que readaptarse. Y, aunque es cierto que la economía colaborativa no deja de ser capitalismo, lo cierto es que el trabajo gratuito o con costes marginales cero es dificil de encajar en el capitalismo tradicional, por lo que en función del éxito de la tendencia si podríamos empezar a definirla como nuevo modelo.

¿Será la economía colaborativa la evolución del capitalismo? Lo sea o se quede en una simple tendencia significativa, lo que se intuye es que como mínimo se convertirá en un rasgo más del mundo actual. Los cambios en la tecnología, en la energía y en la sociedad, provocarán grandes cambios en los modelos de negocio de las empresas a lo largo del mundo, y grandes cambios en la vida de las personas. Habrá enormes ventajas en innovación, en información, en eficiencia, y grandes problemas a resolver en nuestra calidad de vida (algo que ya era antes un problema). Será un reto, siempre lo es, y si lo hacemos bien también será algo bueno para todos.

Un artículo escrito por Kike Vazquez