Existen tantos tipos de empresas como perfiles de empresarios. Sin embargo, a la hora de identificar vicisitudes a las que se enfrentan a lo largo de su trayectoria hay patrones que se repiten. En el caso de negocios familiares, tanto si son de primera como de tercera generación, hay un momento crítico, el de la venta parcial o completa a un inversor profesional, que obedece a tres factores concretos: búsqueda de liquidez, necesidad de crecimiento y profesionalizar la gestión.

Tres razones para vender tu negocio familiar a un fondo y pensar que has acertado

Estos tres puntos sirvieron como eje para el desarrollo de la mesa redonda organizada recientemente por Deloitte y El Confidencial para hablar sobre la relación entre empresa familiar y capital riesgo, una cita que contó con la participación de dos socios de conocidas firmas de inversión nacionales como José María Muñoz, de MCH Private Equity, y Fernando Trueba, de Corpfin Capital, además de Tomás de Heredia, socio de Financial Advisory de Deloitte.

Cambio de mentalidad

Los vínculos entre empresa familiar e inversores privados están cambiando. “Existe una situación a favor del relevo y a la vez mantener la vinculación con el negocio”, explica Fernando Trueba. “Ahora, lo habitual es que se queden”. Los compradores identifican un cambio de mentalidad en los negocios familiares hacia el dinero externo (no bancario), al que se percibe cada vez más como una palanca para reforzar el impulso de seguir siendo empresario y no meros patrimonialistas.

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Para el socio de Corpfin Capital, existe una combinación de factores, ya que por un lado la percepción hacia el private equity ha evolucionado y por otro existen nuevas empresas familiares que por su perfil de ambición -terceras generaciones no se comportan igual que primeras- ven esta asociación con ojos distintos. En cualquier caso, como recuerda José María Muñoz, es necesaria una sintonía entre ambas partes y “estar convencidos de que queremos hacer lo mismo”.

Compartir el riesgo

“El mercado se ha educado mucho”, como asegura el socio de MCH. “Se ha limado la percepción, en ocasiones negativa, y hay menos aprensión a juntarse con un inversor privado”, con lo que eso representa de esfuerzo para empresarios en ocasiones hechos a sí mismos. En ese sentido, el propio desarrollo de una industria auxiliar (servicios financieros, consultoría…) en torno a la empresa familiar facilita la creación de un ecosistema que haga más natural esa cohabitación.

En ese viaje en común, Tomás de Heredia hace hincapié en “el apoyo que representa el inversor privado para tomar decisiones de riesgo”, que en el fondo implican comprometer el patrimonio familiar, que antes se afrontaban en soledad. De esta manera, como apunta el socio de Financial Advisory de Deloitte, la suma de perfiles, uno más empresarial y otro más financiero, enriquece las posibilidades de éxito, hasta el punto de ser las propias empresas familiares los principales prescriptores de esta combinación.

Uno de los puntos clave de la ecuación empresa familiar y fondo de inversión tiene que ver con el crecimiento del negocio. “En nuestro país -cuyo tejido empresarial está formado por medianas y pequeñas empresas- falta desarrollo en tamaño para ganar viabilidad”, en opinión de José María Muñoz. En este sentido, Fernando Trueba recuerda que “situaciones recientes provocadas por la crisis han hecho que las familias sean conscientes de las necesidades de escalar sus proyectos”.

Momento idóneo

De acuerdo a Tomás de Heredia, ahora hay un contexto ideal para la empresa familiar, dado que han superado un entorno de crisis y existe dinero disponible en el mercado al que acceder. La actual coyuntura económica permite un entorno de condiciones favorables para la incorporación de inversores. Además, como subraya el socio de Financial Advisory de Deloitte, aunque pudiera parecer lo contrario, un socio industrial es visto con un perfil más agresivo que un financiero.

En base a la experiencia acumulada, y aun reconociendo que no todas las inversiones se miden por éxitos, tanto Trueba como Muñoz aseguran que la empresa familiar “ha percibido el valor añadido de los fondos”. Por lo general, como reflexión compartida, “el dinero no es el aspecto más importante, sobre todo cuando no se vende el 100% de la compañía”. Cuando una familia está dispuesta a compartir o necesita de terceros lo que se busca siempre es crear buenos equipos.

Un artículo publicado en Cotizalia.