Cuando la pareja no entiende nuestra depresión

La depresión no es tan simple. No es una gripe, ni una pierna rota, no es algo que se alivie con un beso y un “te quiero”, ni siquiera con una pastilla. Este trastorno es cruel y consume, llena de ansiedad nuestra mente, nos frustra, nos enfada, nos hace preferir el aislamiento… Todo ello es duro para quien nos envuelve; por otro lado, si la pareja no entiende nuestra depresión esa realidad pueda volverse muchísimo más dura.

La mayoría de historias clínicas nos hablan de una realidad que a veces pasa inadvertida. Una depresión tiene un impacto directo en la pareja de quien la sufre, y en consecuencia, también en el resto de la familia. Ahora bien, la dificultad no está en el hecho de asumir la presencia de dicha enfermedad, de dicho trastorno. El problema se halla en nuestra incapacidad para entender y abordar con solvencia este tipo de condiciones.

El amor que le profesemos a nuestra pareja no basta en dichas situaciones… y tampoco nuestra voluntad. A menudo, hay que hacer frente a determinados hechos para los que nadie está preparado a nivel afectivo. Por ejemplo, veremos cómo la otra persona desea la soledad a nuestra compañía, cómo rehúye el contacto físico o cómo, casi sin saber por qué, ha dejado de interesarse por nuestras preocupaciones y dinámicas cotidianas para convertirse en una sombra desdibujada que se descuida incluso a sí misma.

Cuando somos prisioneros de un trastorno psicológico la vida pierde su orden, el sentido y la lógica. Si la pareja no entiende nuestra depresión y no es capaz de transitar a nuestro lado sin presionar o juzgar, el proceso de recuperación será mucho más largo.

Cuando la pareja no entiende nuestra depresión: costes y sufrimientos

La presencia de una depresión es como un elefante en el interior de una casa desbaratándolo todo. Es también como ese agujero negro que todo lo colapsa y lo engulle para llevarlo a una dimensión extraña donde la realidad queda contenida en una nada sin forma. Nadie nos ha preparado para entender este tipo de procesos donde la mente actúa como nuestra peor enemiga.

Asimismo, si esta condición es dura para quien la sufre, también lo es para las parejas. Lo primero que suelen experimentar es desconcierto: la otra persona deja de estar disponible en casi cualquier sentido. Porque los síntomas de esta condición contradicen la esencia misma de toda relación feliz: no hay deseo emocional ni sexual, no hay interés y todavía menos ilusión.

Por otro lado, la pareja que no entiende nuestra depresión, sentirá además en segundo lugar un sentimiento muy común: culpa. ¿He hecho yo algo para que se sienta así? Personalizar y cargar sobre uno mismo el origen del trastorno un ser querido es una conducta tan recurrente… como errónea.

Recordemos que en buena parte de los casos no existe un origen concreto para este tipo de situaciones. No obstante, este es un remordimiento habitual que dificulta aún más el apoyo a la otra persona.

Los errores más recurrente entre las parejas de quienes sufren depresión son dos. El primero es culpabilizarse del origen de ese trastorno. El segundo, personalizar los síntomas. Si la otra persona prefiere dormir todo el día a salir con nosotros a dar un paseo no significa que nos quiera menos. Significa que no es capaz de levantarse, que le pesa la angustia, que su mente tiene aún más poder que su voluntad. Frustrarnos por ver que nuestra pareja no responde a nuestras demandas, consejos o buenos deseos es algo que no podemos permitirnos.

¿Cómo ayudar a nuestra pareja si sufre depresión?

Antes de detallar esas claves que pueden ayudarnos a ayudar a alguien que está atravesando una depresión, vale la pena detenernos en un aspecto. Cuando la pareja no entiende nuestra depresión y comete el error de culpabilizarnos por estar así, hay algo que falla. Más allá de la presencia de esta condición psicológica, esta la madurez de quienes saben manejar cualquier obstáculo en una relación.

Un vínculo afectivo significativo y saludable sabe sortear cualquier problema, ya sea grande, pequeño, tenga su origen en factores económicos, personales, afectivos y por supuesto, en una enfermedad. Hay que entender que una persona con depresión no es alguien que haya perdido su capacidad de amarnos. De hecho, lo que ha perdido es la capacidad para amarse a sí misma. Es en ese momento cuando más va a necesitar de nosotros. Y si no estamos o no somos capaces de comprenderlo, los efectos que podemos ocasionar pueden ser muy graves.

Si la pareja no entiende nuestra depresión, hay que darle medios para que lo haga. No obstante, si no hay voluntad alguna y lo que experimentamos es sensación de amenaza y mayor malestar, tomaremos una decisión. La que más nos beneficie.

Por ello, es vital que tengamos en cuenta las siguientes estrategias para proceder con más acierto, cercanía y tacto.

  • Educarnos en la depresión. Una clave acertada es formar parte del proceso de intervención y recuperación de nuestra pareja. Acudir con ellos a terapia y permitir que los profesionales nos informen sobre el tipo de depresión que sufre la otra persona nos será de gran ayuda, así como dejar que nos sugieran determinadas claves para facilitar su progreso.
  • No fuerces, no obligues, no te centres en objetivos. Una depresión exige tiempo, tiene altibajos y nunca responde a las presiones o ultimátums. El proceso de recuperación es responsabilidad exclusiva de quien padece la depresión y debemos respetar sus tiempos sin exigirles metas.
  • Acompaña, permite espacios; a veces la simple presencia es mejor que las palabras. No te ofusques si tu pareja da un paso atrás y decide no salir contigo a dar un paseo. Si opta por quedarse en la cama no la sanciones, recuérdale solo que estás ahí para lo que necesite. No juzgues, aunque cueste, sé esa presencia cercana que sabe apoyar en silencio.
  • Reparte responsabilidades. La única obligación de la persona con depresión es su recuperación. Por tu parte, es esencial que no descuides tu vida, tu trabajo y esas dimensiones que salvaguardan tu equilibrio emocional. Cada uno tendrá sus responsabilidades, y la tuya como pareja también es atender tu bienestar para dar lo mejor a esa persona que te necesita.

Para concluir, como bien podemos intuir estas situaciones no son fáciles para nadie. Si la pareja no entiende nuestra depresión y no da muestras ni voluntad alguna de apoyarnos en ese proceso, lo mejor en estos casos es tomar una decisión que pueda beneficiarnos. No será fácil, pero si el propósito es recuperarnos, es necesario salir de esos entornos tan duros como dañinos.

Por otro lado, hagamos un esfuerzo por no rechazar el apoyo que nos brindan los nuestros, reconduzcámoslo si no viene como nos gustaría. Al final, contar con una compañera o compañero afectivo dispuesto a ayudarnos es una fuerza muy poderosa, que podemos utilizar a nuestro favor con un poco de inteligencia emocional, para salir de nuestro agujero negro.

Un artículo escrito por Valeria Sabater

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