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Divisas y Monedas

Por qué Ripple no es el nuevo Bitcoin, ni se le parece

No todas las criptomonedas se crean igual, aunque a los inversores de Ripple esto parece darles igual. En el último mes, XRP, la moneda de Ripple, una empresa que afirma utilizar tecnología de cadena de bloques para crear el sistema de pago del futuro, aumentó su precio en un impresionante 700 %. El valor total de XRP ascendió a casi 150 mil millones de dólares y en poco tiempo hizo que Chris Larsen, el cofundador de Ripple, se convirtiera en una de las personas más ricas del planeta. La euforia fue generada, al menos en parte, por la creencia de que cualquiera que comprara XRP estaba apostando por el nuevo Bitcoin (ver La fe en Bitcoin y su capacidad de obrar ‘milagros’ para toda la sociedad). No obstante, para algunos podría acabar siendo una lección muy cara, ya que lo que compraron es algo completamente distinto de lo que pensaban.

Para empezar, Bitcoin depende de una red de mineros que ejecutan un código que valida las transacciones y mantiene la moneda segura. Como premio o pago por este trabajo, se emiten Bitcoin, que funcionan como un incentivo para que la red siga funcionando. En cambio, en la configuración de Ripple no hay mineros. Las 100 mil millones de monedas de XRP que existen fueron creadas cuando la red surgió en 2012. Sus creadores se quedaron con 20 mil millones y dieron el resto a la empresa. Desde entonces, Ripple ha ido “metódicamente” distribuyendo monedas a sus clientes, pero sigue manteniendo casi 50 mil millones en un depósito de garantía (ver Un ataque a los grandes fondos de Ripple dejaría sin crédito a 50.000 usuarios).

Eso no es todo. Ripple utiliza un algoritmo novedosos por consenso para validar sus transacciones y requiere que los ordenadores se identifiquen y obtengan permiso para participar en la red. Esto supone un marcado contraste con Bitcoin, que permite a cualquier ordenador entrar. El método de Ripple le proporciona un gran control sobre el trabajo interno de XRP, lo que ha dado lugar a que muchos argumenten que no está realmente descentralizada. En ese sentido al menos, XRP es una criptomoneda “muy mala”, según el análisis del empresario y analista de criptomonedas Ryan Selkis. Ripple, en realidad, ni siquiera necesita una moneda puente para funcionar y casi todo el mundo que la utiliza ha elegido intercambiar pagarés digitales para luego liquidar las transacciones más tarde utilizando moneda fiduciaria.

XRP pretendía ser el nuevo Bitcoin. Ripple apuesta por que XRP se convierta en una “moneda puente” que las instituciones financieras utilicen para saldar pagos transfronterizos de manera más rápida y barata que la actual, que utiliza redes de pagos globales que pueden ser lentas e involucrar a demasiados intermediarios. Bitcoin también podría utilizarse para esto, pero Ripple es más adecuada gracias a sus 1.000 transacciones por segundo, mientras que Bitcoin solamente realiza siete, y sus tasas por transacción son mucho menores.

La empresa afirma que más de 100 instituciones financieras utilizan su tecnología, y la subida reciente de XRP está relacionada con la noticia de que 61 bancos en Japón y dos en Corea del Sur han creado una coalición para lanzar un nuevo piloto de Ripple. Por su parte, MoneyGram, empresa líder en el sector de las transferencias de dinero, ha anunciado que va a probar XRP, aunque esto no garantiza que la vaya a adoptar. Por su parte, Brad Garlinghouse, el director general de la empresa, tuiteó la semana pasada que varios bancos y proveedores de pagos “están planeando seriamente utilizar” XRP.

Aun así, la gente que esté actualmente especulando con esta moneda seguramente deberá ser consciente de que la adopción generalizada está lejos de ser una realidad y quizás nunca ocurra. Además, quizás alguno se de cuenta de que desde que se escribió este artículo, el valor total de XRP ha vuelto a bajar enormemente hasta su precio habitual, perdiendo casi 100 mil millones de su capitalización bursátil.

Un artículo escrito por Mike Orcutt

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